Sobre “Mysterium Fidei”

HAY ALGUNA REFERENCIA EN LA TRADICIÓN DE LA FORMA DEL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA?.
     No solamente son evidencia incontestable los misales de altar o para el pueblo que se conservan desde hace siglos hasta el día de hoy, sino que el Concilio de Florencia, celebrado de 1438 a 1445, en su DECRETO PARA LOS ARMENIOS, dice: “Mas como antes, en el dicho Decreto para los armenios no fue explicada la forma de las palabras de que la Iglesia Romana, fundada en la doctrina y en la autoridad de los Apóstoles, ACOSTUMBRO A USAR SIEMPRE en la consagración del Cuerpo y de la Sangre del Señor, hemos creído conveniente insertarla en el presente. En la consagración del Cuerpo, usa esta forma de palabras: ESTO ES MI CUERPO; y en la de la Sangre: PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO, MISTERIO DE FE, QUE SERA DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR MUCHOS, EN REMISIÓN DE LOS PECADOS”(Denz. 715 ) .
     En este lugar, vale la pena hacer dos anotaciones importantes: PRIMERA. Se observa a veces que incluso en los misales tradicionales para el pueblo, publicados en latín y en español, la traducción de las palabras de la consagración del pan, es incorrecta, y éste es un grave error que inexplicablemente pasó “inadvertido” muchas veces. En la consagración del pan en latín leemos: “HOC EST ENIM…” que significa: ESTO es…”. Sin embargo, la traducción dice: ESTE es mi Cuerpo”. Evidentemente la traducción es mala, e inexplicable. Pero este error, también lo hemos encontrado incluso en obras de otros autores católicos, que al hablar de la forma de la consagración del pan, la escriben: “ESTE es mi Cuerpo”. ¿Por qué ha sido esto?, ¿de cuándo atrás vienen las primeras pequeñas inyecciones de veneno?.
     En 1958, el Santo Oficio publicó un Monitum, o amonestación en estos términos: “Esta suprema Sagrada Congregación, ha sabido que en cierta traducción de la Nueva Ordenación de la Semana Santa a la lengua vernácula se omitieron las palabras“MYSTERIUM FIDEI” en la forma de la consagración del cáliz. Se nos ha dicho también que algunos sacerdotes omiten estas palabras en la verdadera celebración de la Misa. Esta Suprema Congregación advierte que es cosa impía introducir algún cambio en materia tan sagrada y mutilar o alterar ediciones de libros litúrgicos. Por tanto, los Obispos, en conformidad con el Monitum o advertencia del 14 de febrero de 1958, del Santo Oficio, han de ver porque se observen, con rigor, las prescripciones de los sagrados cánones sobre el culto divino y estar en continua vela porque ninguno se atreva a introducir aun la más leve mudanza en la materia y en la forma de los Sacramentos” (Acta Apostólica Sedis. Vol. 50, Pág. 536).     En enero de 1951, el Padre J. G. Treviño, publicó en la revista de los Misioneros del Espíritu Santo llamada PENTECOSTÉS, un artículo contra las prácticas litúrgicas y el adorno de los templos, llamando a todo esto cosas “inútiles”“de mal gusto”“banales” y “corruptela” del culto. Esta revistita circulaba entre los fieles, a vista y paciencia de los padres y superiores de las comunidades del Espíritu Santo, en un momento en que el Papa Pío XII publicaba su Encíclica MEDIATOR DEI condenando todo aquello por lo que éstos pugnaban, entre otras cosas, separar el altar de la pared como actualmente está en uso para las nuevas misas.
     ¡Con cuánta razón decía San Pío X que los enemigos de la Iglesia están dentro, y que nunca los ha tenido peores!.
     ANOTACIÓN SEGUNDA. Así como en la consagración del pan, es esencial decir“HOC”, o sea “ESTO”, en la consagración del vino se dice “HIC”, es decir, “ESTE”. ¿Por qué?, pues porque en la consagración del pan, el sacerdote tiene en las manos directamente, la materia del Sacramento que es el pan, y a él se está refiriendo; en cambio, en la consagración del vino, el sacerdote no puede tener entre los dedos la materia del Sacramento que es un líquido, por lo cual se está refiriendo al envase que contiene la materia, es decir, el cáliz. Por eso dice “ESTE” cáliz que contiene.
     Igualmente, continuando con el tema de esta pregunta, el Papa Inocencio III (1198-1216),escribe la Carta CUM MARTHE CIRCA (Denz. 414 y 415) a Juan, en otro tiempo obispo de Lyon, fechada el 29 de noviembre de 1202, ya que éste le había preguntado, quién había añadido a la forma de la consagración del vino, las palabras “misterio de fe”, por lo cual le contesta entre otras cosas: “Nos preguntas quién añadió en el Canon de la Misa a la forma de las palabras que expresó Cristo mismo cuando transubstanció el pan y el vino en Su Cuerpo y Sangre, lo que no se lee haber expresado ninguno de los evangelistas… En el Canon de la Misa, se haya interpuesta la expresión “MYSTERIUM FIDEI” a las palabras mismas… A la verdad, muchas son las cosas que vemos haber omitido los evangelistas tanto de las palabras como de los hechos del Señor, que se lee haber suplido los Apóstoles de palabra o haber expresado de hecho… Creemos, pues, que la forma de las palabras, TAL COMO SE ENCUENTRAN EN EL CANON, LA RECIBIERON DE CRISTO LOS APÓSTOLES, Y DE ESTOS SUS SUCESORES.
     Tenemos aquí, enfrentados uno contra otro, a Paulo VI con todo su equipo de asistentes y colaboradores entre los que están los protestantes Max Thurian, Shepard, Hasper y otros, y al Papa Inocencio III con el aval de toda la Tradición, de los concilios, de todos los papas, de todos los santos, de todos los doctores y de toda la historia. Estos, creyeron que las formas de la Eucaristía Jesucristo las determinó y entregó a los Apóstoles, y éstos a sus sucesores. Paulo VI, dice lo contrario. Predica que el papa tiene poder para remover e incluso para prostituir lo que al hombre no le parece de la Doctrina Cristiana. Entonces impone nueva Misa, nuevas formas sacramentales, y sentado sobre lo invariable con el peso de su supuesta autoridad, que sólo le comunica el poder mundial anticristiano, se burla de todos y los engaña obligándolos por una falsa obediencia a caminar bajo su estandarte, cuando la verdad es que el estandarte que nos da sombra actualmente, es el estandarte del Diablo.
     No faltan, desde luego, aquellos soplados laicos, los de la supina ignorancia ilustrada, que tanto mal han hecho al pueblo sencillo, incauto, fácil de engañar, ingenuo en el trato, menudo, y de los cuales el mundo tradicionalista tampoco se ha librado, y que con la lectura de tres o cuatro libros se levantan para emitir sus juicios doctorales para apoyar los más monstruosos errores de la actual herejía imperante.

retirado de: Sapientiae Sedei Filii, em: http://sededelasabiduria.es/2019/01/09/catecismo-para-tradicionalistas-desorientados-2-de-3/

SUPRESIÓN DEL SACRIFICIO PERPETUO


El 3 de abril de 1969 Pablo VI publicó la Apostólica Missale Romanum que promulgaba el Novus Ordo Missae


   Fue para mí una revelación sorprendente, dada la presente situación eclesial, cuando leí, por primera vez, el comentario del Card. Billot, s.j ., a los versículos de Daniel, que hacen referencia a la supresión del Sacrificio perpetuo. Era citado en la obrita de Gabrielle Rochon “L’INFAME TRAHISON” (Montréal, 1980, págs. 22-25). Posteriormente, lo volví a leer en su contexto de la Obra completa del Card. Billot “LA PARUSÍA”, publicada en EINSICHT, en noviembre de 1987. 

   A partir de aquel momento quedó perfectamente claro, con un golpe de luz deslumbradora, aquel versículo de San Mateo (24,15):

Cuando veáis puesta en el lugar santo la Abominación de la Desolación, la anunciada por el proteta Daniel (el que lea entienda)“. O el paralelo de San Marcos: “Cuando veáis la Abominación desoladora, puesta donde no debiera estar (el que lea entienda)” (13,14).

   Los comentarios que conozco las aplican a la destrucción de Jerusalén y a la profanación del templo.

   Debido a la impresión que me causó el Comentario del Card. Billot, por encajar tan bien en las presentes circunstancias, intenté remontar la corriente de la Tradición, para ver lo que la misma nos dice sobre el tema, ya que el Card. Billot no aporta citas, ni hace alusión alguna a la Tradición.

   Cristo nos dice que el que lea entienda; esto es, que debemos esforzarnos en penetrar su sentido. Con esto se nos avisa que, contra todas las apariencias, el sentido no debe ser tan somero, ni tan obvio, como el que nos ofrecen comunmente los comentaristas. Cristo nos remite al profeta Daniel. Se impone el deber de consultarlo. Cuando Cristo lo cita, es porque indudablemente nos dará la clave para su comprensión. Esto es lo que hace el Card. Billot, en su Comentario.

   En efecto, Daniel pone  en  íntima  conexión, en varios  pasajes, la Supresión del Sacrficio perpetuo con la instalación de la Abominación de la Desolaclon. Vease, ademas de la cita introductoria, Dan. 9,27 y 12,11. Sólo en el cap. 8 se habla de la supresión del Sacrificio cotidiano, sin hacer mención expresa de la Abominación de la Desolación: “Y creció hasta el mismo Jefe del Ejército y fue por él suprimido el Sacriticio cotidiano y derribado el lugar del Santuario” (Dan. 8,11). Aquí tenemos los datos del profeta Daniel, al que CrIsto nos remite. 

   Los comentaristas que he leído, refieren esto exclusivamente a la persecución de Antioco y a la colocación de la estatua de Júpiter Olímpico en el Santuario, o a la profanación de Jerusalén por las tropas romanas, sin referirse a su significado profundo, pero los sucesos del Antiguo Testamento eran sólo “Umbra futurotum”, como nos dice San Pablo; o sea, imagen, figura o símbolo de una realidad mesiánica futura.

   Según se puede deducir de los lugares del Antiguo Testamento, donde se habla de la Abominación de la Desolación (por ejemplo, I Mac. 1,47; 50, 57 y II Mac. c. 6), la Abominación de la Desolación no es otra cosa que la sustitución del verdadero culto de Dios por un culto falso, ofrecido a los ídolos, o la profanación del lugar sagrado. De ahí, la íntima relación entre la supresión del Sacrificio perpetuo y la Abominación de la Desolación.

   Esto quiere decir que, al aplicar Cristo a una profecía suya, la profecía de Daniel, la supresión del Sacrificio perpetuo (o lo que es igual la supresión del Santo Sacrificio de la Misa) estaba ya evidentemente profetizada en el Antiguo Testamento; pues, el único Sacrificio Perpetuo, a partir del Sacrificio del Calvario, cuando quedó abolida la antigua alianza y establecida la nueva y eterna, es el SACRIFICIO DE LA MISA. No hay otro. Todo esto lo explica y aplica muy acertada y exactamente el Card. Billot, en su citada obra.

   Conclusión. Abominación de la Desolación es igual a la supresión del verdadero culto de Dios, a la supresión del Sacrificio perpetuo. Es así que el único Sacrificio perpetuo, cuando Jerusalén fue tomada por las tropas romanas y fue destruido el templo, era el Sacrificio de la MISA, luego lo que se profetizó es que la MISA, la OBLATIO MUNDA, que le sería ofrecida a Dios, desde la salida del sol hasta el ocaso, habría de ser abolida. Esto es lo que sucedió con la promulgación del Novus Ordo Missae (N. O. M.). Esto es lo que consta en la Sagrada Escritura. Pero es preciso bucear en la Tradición para ver como interpreta esta profecía.

   Es una lástima que el Card. Billot no cite la Tradición. Gabrielle Rochon apostilla así a las conclusiones del Card. Billot: “Explicaciones enteramente de acuerdo con los Santos Padres de la Iglesia y toda la tradición apostólica de la Santa Iglesia Romana” (p. 22). Pero no aduce ningún testimonio de la misma. Estaba persuadido de que la exégesis del Card. Billot se tendría que basar en la Tradición pero, ¿en qué grado?

   Procuré rellenar la laguna dejada por el Card. Billot. Era consciente de las dificultades que la empresa entrañaba para mí, por no ser especialista en la materia, por mis ocupaciones profesionales y por no tener cómodo acceso a las fuentes desde el medio en que se desenvuelve mi vida. Sin embargo, esta idea obsesiva me hacía no cejar en el empeño. El primer material testimonial al respecto, me llegó a través de la Revista EINSICHT. Era una cita de San Alfonso María de Ligorio, cuyo tenor es: “Satanás suprimirá el Sacrificio de la Misa, y eso se llevará acabo a causa de la falta de fe de los hombres” (“Zerstorung der HI. Messe in N. 0. M.”, de Visser, Einsicht, febrero 1985).

   Posteriormente, leí otro testimonio, citado por el abate Zins, de San Jerónimo: “El Anticristo abolirá el ejercicio público del único verdadero Sacrificio del altar” (V. S. Jer. “in Danielem 12,11. SUB TUUM PRAESIDIUM, nº 3, 2º Trim. 1986, p. 34). Esto era ya sumergirse en las fuentes de la Tradición, en la Patristica. Pero… tenían que existir más. La expectativa quedó satisfecha, al adquirir la obra del Padre Antonio Orbe, S.J., “La Teología de San Ireneo” (B. A. C., Madrid, 1988). Por esta obra, me he podido enterar que San Ireneo, testigo casi de primera mano de la Tradición Apostólica, afirma que el Santo Sacrificio de la Nueva Alianza será desterrado por obra del Anticristo. “Deinde et tempus tyrannidis ejus significat, in quo tempore fugabuntur sancti qui purum sacrificium offerunt Deo.” O sea: “Más tarde indica el tiempo de su tiranía, cuando serán perseguidos los santos que ofrecen a Dios el sacrificio puro” (1. V, 25,4). Oigamos los comentarios del p. ORBE. “En ese tiempo los santos serán perseguidos y desterrado el sacrificio puro a Dios“. “Está claro -dice- lo que  Ireneo entiende por la persecución y fuga de los santos «qui purum sacrificium offerunt Deo». Cesará con el Anticristo el Sacrificio Puro, la Eucaristía dilatada por todo el mundo entre las gentes para glorificar el nombre del Dios Creador…. La Eucaristía será, según Daniel (9,27), eliminada durante los tres años y medio de tirania. Contra ella se cebará singularmente el odio del Anticristo por ser el sacrificio más fructuoso para el hombre…” (O.c. III, p. 45-48).

   El mismo autor apoya su interpretación, citando a otros Padres. San Hipólito: “Sobrevenido él, desaparecerá el sacrificio y la libación que, ahora, en todas partes es ofrecida a Dios por las gentes.” (“De Antichristo”, 64 initio; y, sobre todo, “In Danielem”, IV, 49,3). Citado el en la pág. 49.

   Y del Pseudo-Hipólito dice que, en su obra “De consummatione mundi” (c. 34}, se hace eco, de manera ingenua, de la Eucaristía ausente en los días del Anticristo (p. 48).

   Riquísima información que confirma la exactitud de la exégesis del Card. Billot. No obstante, seguí indagando, por si encontraba algo más y efectivamente, leyendo el Comentario “In Danielem” de Teodoreto de Ciro, encontré este elocuente e inequívoco testimonio de la Tradición: “Abominationem autem desolationis vocat Antichristum, mutationem continuitatis ecclesiastici cultus, ordinem ab illius infamia et rabie dissipatum et ABOLITUM.” (Theodoretus de Cyro, “In Danielem”, Oratio X, circa finem.) “Llama Abominación de la Desolación al Anticristo, al cambio o alteración de la continuidad del culto eclesiástico, y al orden interrumpido y ABOLIDO por su perversidad  y furor“. Según lo mterpreta Teodoreto se puede aplicar a la ruina de toda la estructura eclesial, llevada a cabo por Pablo VI, haciendo auténticas mutaciones en la Misa y en la Liturgia sacramental.

   Vemos, pues, que la Tradición autoriza plenamente la exacta y clarividente exégesis del Card. Billot. “El culto de Dios -dice- dejará de ser celebrado, al menos públicamente… En una palabra: El Sacrificio de nuestros altares será proscrito, en esos terribles días; en todas partes será prohibido, salvo lo que se pueda hacer en la sombra subterránea de las catacumbas… O sea, algo similar a lo que les sucedía a los primeros cristianos en tiempo de persecuciones, o a lo que ha estado sucediendo tras el telón de acero, por ejemplo, en la Iglesia clandestina en Checoslovaquia. Discrepo en cuanto al modo concreto como concibe el Card. Billot en que se llevaría a cabo la supresión del Sacrificio perpetuo. Está visto que las profecías, antes de su cumplimiento, son todas equívocas, según proclamó Pascal.

   En cambio, hay testigos de la Tradición que sorprenden por hacer uso, para expresar el hecho de la desaparición del Sacrificio perpetuo, de un verbo de valor estrictamente jurídico: ABOLIR. Así San Jerónimo y Teodoreto. Ese es el verbo que ofrecen en su traducción española, Bover-Cantera y Ediciones Paulinas, en los versículos de Dan. 11,31 y 12,11; así como la Biblia de Jerusalén, en el versículo 11,31: “Abolirán el Sacrificio cotidiano… He aquí, como se expresa la versión de los Setenta, en el versículo 31, del capítulo 11: “Kai metastésousin ton endelejismon”. El verbo I’methistemi” significa, entre otras cosas, cambiar, sustituir, mudar, transformar; los cuales, más que un simple abolir, derogar o abrogar, connotan algo más, se trata más bien de OBROGARE, en latín, que significa derogar o anular una ley, sustituyéndola por otra. Obrogare, según la definición de los juristas romanos, “est legis prioris infirmandae causa, legem aliam ferre“, o sea, consiste en promulgar una ley para anular otra anterior. Esto es, en realidad, lo que se ha conseguido con la promulgación del N. O. M.

   De todos modos, una palabra clave, para entender el modo de llevarse a cabo la supresión del SACRIFICIO PERPETUO, es un verbo que tenga sentido jurídico, ya que abolir, derogar, abrogar u Obrogar , o sea suprimir legalmente, sólo lo puede hacer el Legislador. Otro procedimiento sería obrar contra Derecho y no dejaría de tener sus oponentes encarnizados que, pública o clandestinamente, se alzarían en contra de la intromisión injusta del tirano, como sucedió durante la dura época de las persecuciones primitivas y en todas las demás que ha habido a lo largo de la historia. De este modo no cesaría la celebración del Sacrificio Perpetuo; en tanto que la profecía de Daniel da por suprimido el Sacrificio Perpetuo.

   Veamos. Resulta que la supresión del Santo Sacrificio Perpetuo -el Rito canonizado por un Concilio y un Papa, que lo fijó a perpetuidad bajo terribles anatemas- quedó oficialmente decretada el día en que se promulgó la CONSTITUCION APOSTOLICA “MISSALE ROMANUM” por Pablo VII, el día del Jueves Santo -justamente- 3 de abril de 1969 [1] .

   Sí, así de una manera tan simple y tan poco estridente, logró Satanás que quedara suprimido “LEGALMENTE” el Santo Sacrificio Perpetuo. A esta supresión se plegaron, de momento, más del 90% de los sacerdotes. En la actualidad, no quedará ya ni siquiera el 1% que celebre el auténtico Sacrificio Perpetuo de la Nueva Alianza.

   Para comprender la eficacia absoluta de esta abolición hay que fijarse en el caso de los 6.000 sacerdotes españoles -un 25 % aproximadamente de los sacerdotes de entonces- de la Hermandad Sacerdotal Española de San Antonio María Claret, que en carta, dirigida a BUGNINI, se negaban a celebrar seún el nuevo rito del N. O. M., con estas palabras: “Nosotros sacerdotes católicos no podemos celebrar una misa, de la cual M. Thurian de Taizé ha declarado que podía celebrarla sin dejar de ser protestante. LA HEREJIA NO PUEDE SER JAMÁS MATERIA DE OBEDIENCIA(subrayado mío). Pero esta actitud se quedó en agua de borrajas. Bastó que alguien les insinuara que se trataba de una ley proclamada por el Papa, y que si no celebraban según el nuevo ríto, desobedecerían al Santo Padre, para que la fortaleza de los santos quedara quebrantada (Dan. 12,7), para que toda su enérgica voluntad de oposición a la herejía se enervara y quedara deshecha cual terrón de azúcar en agua hirviente.

   ¡Qué fácil lo sabe hacer Satanás y cómo cumplió perfectamente la profecía de Daniel! Se alzaron los sacerdotes españoles contra Bugnini, pero se plegaron ante la ley del presunto legislador. Eficacia suma.

   Aquí, en la destrucción de las estructuras multiseculares de la Iglesia, llevada a cabo por el Vaticano II y por los “papas”, a partir de Juan XXIII, manifestó el Anticristo su vigorosa potencia, realizando destrucciones prodigiosas, con toda prosperidad, exterminando a los fuertes y al pueblo de los Santos, verificando la aniquilación con en tal suavidad que no se advierte (Conf. Dan. 8, 25-26; Ap. 13,7).

   Si bien la supresión o derogación del Sacrificio Perpetuo y de todo el Orden eclesiástico carece de legitimidad, sin embargo, tiene visos de legalidad y cubre todas las apariencias. Es la jugada maestra de Satanás, que no realiza por sí, dírectamente, como creía San Alfonso María de Ligorio, ni tampoco el Anticristo, como pensaba San Jerónimo. Satanás se valió para ello de la segunda Bestia, que con aspecto de cordero habla el lenguaje del Dragón (Ap. c. 13).

   Repito que es la obra maestra de Satanás, astucia insuperable, capaz de engañar -si ello fuera posible- incluso a los mismos elegidos (Mat. 24,24).

   Parece ser que Daniel y San Juan se quedaron cortos en la expresión de la trágica realidad que intentaban pintarnos y no por otro motivo, sino por las deficiencias del lenguaje humano. Por eso, tuvieron que echar mano de esas macabras visiones, con el fin de impresionar nuestra imaginación. Son imágenes espantosas, terroríficas, en su expresión lingüística; pero quedan sobrepujadas por la profunda realidad. La realidad es mucho más desgarradora; sólo que al ser de orden espirítual, la humanidad no se percata de la misma. Eso es lo malo; lo verdaderamente terrorífico, que tendría que provocar lamentos más desgarradores, que los que le inspiraron a Jeremías la ruina de
Jerusalén.

   ¿Es posible que esto no lo vea el 99% de la Humanidad? Por eso, pudo interrogarse, con razón, el divino Maestro: “¿Cuando venga el Hijo del Hombre, acaso encontrará la Fe en la tierra?” Subrayo el artículo, pues -no sé por qué- las versiones en lengua vulgar suprimen dicho artículo, que consta en el original griego. Se trata de la Fe objetiva, la cual quedaría como eclipsada (“La Iglesia quedará en tinieblas“, se nos anuncia en el mensaje de la Salette), aun en aquellos que subjetivamente no la hayan perdido, sin saber en muchos puntos a qué atenerse, llenos de confusión y turbación, como se puede observar en los diversos grupos “tradicionalistas”. Sucede como durante la Pasión de Cristo, en que se produjo la desbandada.

   ¿Qué explicación se podría dar a esta ceguera espiritual? Indudablemente, una de orden sobrenatural, de castigo por nuestros pecados, por falta de amor a la Verdad, que nos podría salvar (Tes. II, 2, 10).

   Esta ceguera, tiene, además, una base psicológica, en combinación con los misteriosos y adorables designios divinos, que sería interesante investigar.

   Ya dijo Pascal que, en las cosas de Dios, hay luz suficiente para los que no desean sino ver; así como también la suficiente oscuridad para los que tienen la disposición contraria. De este modo, no se pierde el mérito de ver, ni la responsabilidad del rechazo. 

   Ese lado oscuro lo es mucho más, cuando se trata de profecías antes de cumplirse. “Las profecías son equívocas; sólo después de su  cumplimiento desaparece la ambigüedad” (Pascal) .Pero sólo hasta cierto punto -añado yo-. El lado oscuro permanece, según el principio de Pascal, enunciado más arriba. 

   Pero, al intentar dilucidar esto, tengo que terminar aquí el presente artículo, ya que ello ofrece materia para otro. 

Revista “Roma” N° 109

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  • [1] Nota de la Redacción: En el número 108 de ROMA se puede ver como Pablo VI el 21 de noviembre de 1964, aprobó documentos del Concilio (Lumen aentium y Unitatis Redintegratio) que contradicen el dogma de fe que fuera de la Iglesia no hay salvación (Extra Ecclesiam nulla salus). Así mismo el mismo día “aprobó” otro documento (Orientalium Ecclesiarum) que permite dar los Sacramentos incluso la Sagrada Eucaristía a cismáticos y aun a herejes y recibirlos de ellos, contradiciendo la Tradición inveterada, al Concilio de Florencia en definición solemne, al Canon 731.2 del Derecho Canónico.

artigo retirado de: http://www.catolicosalerta.com.ar/inicio/supresion-sacrificio.html

A maçonaria em Ezequiel. Hoje, a mesma de sempre…

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“Ezequiel, 8”

” 1.No sexto ano, no quinto dia do sexto mês, estava eu sentado em minha casa, com os anciãos de Judá, quando a mão do Senhor baixou sobre mim.

2.Olhei: enxer­guei algo como uma silhueta humana. Abaixo do que parecia serem seus rins, era fogo e, desde os rins até o alto, havia um clarão vermelho.

3.Estendeu uma espécie de mão, e agarrou-me pelos cachos dos cabelos. O espírito levantou-me entre o céu e a terra, e levou-me a Jerusalém, em visões divinas, à entrada da porta interior que olha para o norte, lá onde se erige o ídolo que provoca o ciúme do Senhor.”

“4.Lá se me manifestou a glória do Deus de Israel, tal como a visão que tive no vale.

5.E ele me disse: “Filho do homem, ergue os olhos para o norte”. Levantei os olhos para o norte, e vi ao norte da porta do altar, à entrada, o ídolo que provoca o ciúme do Senhor.

6.“Filho do homem” – disse-me –, “vês tu a abominação que praticam, como eles procedem na casa de Israel, para que eu me afaste do meu santuário? Verás, todavia, coisas muito mais graves.”

7.Conduziu-me até a entrada do adro e, reparando, vi que havia um rombo no muro.

8.“Filho do homem” – disse-me ele –, “fura a muralha.” Quando a furei, divisei uma porta.

9.“Aproxima-te” – diz ele – “e contempla as horríveis abominações a que se entregam aqui.”

“10.Fui até ali para olhar: enxerguei aí toda espécie de imagens de répteis e de animais imundos e, pintados em volta da parede, todos os ídolos da casa de Israel.

11.Setenta anciãos da casa de Israel, entre os quais Jazanias, filho de Safã, se achavam de pé diante deles, segurando cada qual o seu turíbulo, do qual se elevava espessa nuvem de fumaça.

12.“Filho do homem” – disse-me ele –, “vês tu o que fazem os anciãos de Israel na obscuridade, cada um deles em sua câmara, guarnecida de ídolos, pensando que o Senhor não os vê, e que ele abandonou a terra?

13.E ajuntou: Verás ainda abominações mais graves que eles estão cometendo.”

14.Conduziu-me, então, para a entrada da porta setentrional da casa do Senhor: mulheres estavam assentadas, chorando Tamuz.

15.“Filho do homem” – falou-me –, “tu viste? Verás ainda abominações piores do que estas.”

16.Levou-me então ao interior do templo. À entrada do santuário do Senhor, entre o vestíbulo e o altar, avis­tei cerca de vinte e cinco homens, que, de costas para o santuário do Se­nhor, com a face voltada para o oriente, se prosternavam diante do sol.

17.“Filho do homem” – disse-me ele –, “vês isto? Não basta à casa de Judá entregar-se a esses ritos abomináveis que aqui se praticam? Haverá ainda ela de encher a terra de violência, e não cessará de me irritar? Ei-los que trazem o ramo ao nariz.”

“18.Está bem! Eu, de minha parte, procederei com furor, não terei condescendência, serei impiedoso. Inutilmente clamarão a meus ouvidos, não os ouvirei.”

“18.Está bem! Eu, de minha parte, procederei com furor, não terei condescendência, serei impiedoso. Inutilmente clamarão a meus ouvidos, não os ouvirei.””

 

 

Directorium Inquisitorum Contra Haereses-CV II

Universo Concílio Vaticano II

A nova eclesiologia do Pe. Yves Congar, OP

O Pe. Yves Congar, OP, é o ideólogo da «nova eclesiologia». Teve por “mestre” o cismático Lutero, considerando-o «um dos maiores génios religiosos de toda a história».[1]

A sua influência é registada no esquema da Lumen Gentium. A identidade entre o Corpo Místico e Igreja visível e hierárquica é mencionada de modo positivo, mas isso de forma nenhuma implica o sentido exclusivo que é encontrado no Pe. Tromp: «isso permite a inclusão do famoso ‘subsistit in’ no item 8, descoberta modesta mas decisiva que constitui a substância deste item».[2]

Afirmando que as igrejas separadas pertencem à Igreja de Cristo estava a apresentar-se contra o dogma de que «fora da Igreja Católica não há salvação».[3]

Contrariamente ao que o magistério definiu sobre a natureza da Igreja, Congar fala, ao contrário, de mistério e sacramento da Igreja.[4]

Contra S.S. Pio XII que define a necessidade de adesão ao Corpo Místico de Cristo, Congar inseriu a vaga noção de «comunhão do Povo de Deus». Porquê? Porque, segundo ele, alguém é ou não é membro de um corpo, mas é possível estar em mais ou menos comunhão.[5]

A malícia de Congar foi de tal ordem que só pode ser esclarecida pelo que deixou registado em 1954: «(…) sei (e que eles sabem!) que a mais ou menos longo prazo, tudo o que eu digo e escrevo é a negação do sistema. Sim reside aí o meu verdadeiro combate: no meu trabalho teológico, histórico, eclesiástico e pastoral. O curso, o De Ecclesia, que eu ministro neste momento, exactamente como tudo fosse normal, consistia, na realidade, numa verdadeira dinamita minha, posto debaixo das poltronas dos escribas».[6]

E ainda, com as suas declarações registadas em 1975, confirmando o seu objectivo, já atingido: «O Concílio aniquilou o que eu chamava a incondicionalidade do sistema. Entendo por sistema todo o conjunto muito coerente de ideias comunicadas pelo ensino das universidades romanas, codificadas pelo Direito canónico, protegidas pela vigilância estreita e bastante eficaz sob Pio XII, com resenhas, advertências, submissão dos escritos às censuras romanas, etc. Pelo facto o sistema foi desintegrado».[7]


[1] «Une vie pour la verité», Entrevista do Pe Congar com Jean Puyo. Paris: Le Centurion, 1975, p. 59

[2] TROMP, Sebastian (1975) – Le Concile de Vatican II, Paris: Beauchène, p. 134.

[3] Tal é a opinião do Cardeal Ottaviani, in Courrier de Rome, Église e Contre-Église, p. 123. Sobre a oposição entre os cadeais Ottaviani e Bea antes do Concílio, ver Courrier de Rome, Église e Contre-Église, p. 122-123.

[4] cf. Lumen Gentium n. 1.

[5] cf. CONGAR, Yves (1975)- «Jean Puyo interroge le père Congar : une vie pour la vérité». Paris: Le Centurion, p. 149.

[6] cf. Yves Congar, notas manuscritas de Fevereiro de 1954, apud François Leprieur, OP, in «Quand Rome Condamne», Paris, Plon/Cerf, 1989, p. 259.

[7] cf. CONGAR, Yves (1975) – «Jean Puyo interroge le père Congar : une vie pour la vérité». Paris: Le Centurion, p. 220.